¿La mejor experiencia de mi vida? ¿Deberías hacerlo tú 100%?
Bueno, vayamos al inicio de todo.
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Corría el año 2016 y a mí nunca se me había pasado por la cabeza dejar mi tierra querida, Navarra, ni concebía otra cosa que no pasara fuera de mi ciudad. Probablemente, con 21 años no es algo que preocupe a mucha gente de esa edad (hay excepciones obviamente) y mi experiencia fuera de casa se remontaba a un par de viajes con mis padres cuando aún mi mayor preocupación era rellenar el álbum de cromos de la liga.
Tras estar acabando 2º año de Ingeniería Informática, se empezaba a rumorear en las clases, pasillos, descansos, carpas universitarias y demás reuniones extra curriculares, la misma palabra y que, a todo universitario se le ha presentado en más de una ocasión: Erasmus.
Al principio lo escuchas, lo meditas, hablas con uno y con otro y te dices, bah eso no es para mí. Pero pasaban las semanas y oías por ahí que la gente estaba muy contenta, que era una experiencia única y blablablá. Seguías con tu vida y tampoco le prestabas mucha atención. Pero estaba ahí. Había un runrún en mi cabeza. Pero no lo quería oír. En el fondo, quería seguir donde estaba. En mi casa, con mi gente, en mi universidad. Era lo que conocía y era suficiente. ¡Para que complicarse la vida si uno es ya feliz!
O eso cree uno en aquel momento.
Un gran compañero de clase (compañero de aventuras a partir de ahora) con el que pasé la mayoría de mi periplo en la universidad (si me lees ya sabes quién eres 😘), me planteó seriamente la opción de irnos de Erasmus. Yo sabía que él era bastante tirado para adelante y yo dudaba. Dudaba bastante. Yo no quería tirarme a la piscina sin pensarlo bien. Ya sabes, estaba muy cómodo donde estaba. Pero el runrún de mi cabeza se alió con la insistencia de mi compañero de aventuras y al final me decidí.
Me iba a ir de Erasmus.
Quedaba prácticamente un año hasta la fecha de partida así que había mucho tiempo para meditarlo bien (y para rajarse también 😅) así que en aquel momento tampoco sentí que hubiera dado un gran paso. Era solo el comienzo.
Pasaron los exámenes, el nuevo semestre, los queridos exámenes de nuevo, el veranito de estudiante (quién lo pillara ahora e) y empezó el nuevo curso y el que marcaría parte de mí y de mi identidad actual.
Y con el comienzo de curso, comenzó la maravillosa burocracia del Erasmus. Papeles para arriba, para abajo, impresión por aquí, matriculación por allá, convalidaciones a diestro y siniestro y así hasta que te das cuenta de que no hay vuelta atrás. Ya estás de barro hasta arriba y en poco más de 2 meses estás en otro país, con otra gente, con otro idioma y en otra universidad.
Mi comodidad iba a desaparecer. Y doy gracias de que así fuera.
El país elegido fue Finlandia. ¿Y por qué Finlandia? Pues realmente porque era lo más diferente e inhóspito de entre las opciones que teníamos. Que podía haber sido Italia o Praga pues también. Pero decíamos que algo diferente tenía que haber allí. Y dimos en el clavo.
11 de enero de 2017. 23:20 horas. 2 grados. Ventisca. Palabras que no crees que puedas pronunciar. Ésa fue nuestra bienvenida en el país escandinavo con más saunas que personas en el país. Es cierto que el invierno en los países escandinavos es, digámoslo claramente, no muy agradable. Pero ya sabíamos a lo que veníamos (o al menos eso creíamos).
Los comienzos son duros. No lo vamos a negar. No conoces a nadie, no sabes ni a dónde ir a comprar, tu inglés está desoxidándose y aún le cuesta entrar en calor y para colmo, no tienes internet porque el roaming internacional no había llegado a nuestro días. Benditos problemas del primer mundo.
De todas formas, tener un compañero de aventuras ayuda mucho en estos inicios. Siempre os tenéis como apoyo e insultar en tu idioma y qué alguien te entienda, no tiene precio 😂
Esta entrada ya se ha hecho un poco larga asi que dejaremos para una segunda parte lo qué aprendí yo del Erasmus, cómo me cambió mi mentalidad en algunos aspectos y mis argumentos por los que deberías o no embarcarte en una aventura de tales dimensiones.
Nos leemos en el siguiente.
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